Energía, carbono y supervivencia en condiciones extremas
En general, hay tres componentes esenciales para toda forma de vida conocida: una fuente de energía (también conocida como donante de electrones), un aceptor de electrones (es decir, una molécula que acepta electrones) y una fuente de carbono (material de construcción para todas las estructuras importantes de un organismo) (Pascal 2012).
En los seres humanos, la energía y el carbono proceden principalmente de la glucosa, mientras que el oxígeno sirve como aceptor de electrones. Sin embargo, hay muchas otras moléculas que pueden cumplir estas funciones. Mientras en un lugar existan compuestos químicos que cumplan la finalidad respectiva y las condiciones físicas permitan la existencia de biomoléculas estables, cabe suponer que la vida ha conquistado estos parajes de la Tierra.
Las arqueas (organismos parecidos a las bacterias) Geogemma barossii, por ejemplo, viven en un manantial hidrotermal del Pacífico. La alta presión que reina allí hace que el agua se mantenga líquida incluso a temperaturas de unos 120 °C. Hasta la fecha, la temperatura más alta a la que pueden crecer formas de vida se ha medido en estas condiciones (Clarke 2014).
Los organismos también pueden prosperar a temperaturas bajo cero en determinadas condiciones. La bacteria Planococcus halocryophilus Or1 se aisló de pequeñas inclusiones de agua líquida en una muestra de núcleo de hielo marino. El alto contenido de sal en el líquido impide la congelación y, por tanto, permite el crecimiento a temperaturas extremadamente bajas. La temperatura mínima de crecimiento demostrada hasta la fecha es de -10 °C. Las pruebas de laboratorio han alcanzado incluso los -15 °C (Pascal 2012, Maccario et al. 2015, Merino et al. 2019).