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Aventura y viajes

Fiebre del oro

Aventura de esquí de travesía en el Cuerno de Gfroren: la búsqueda del momento perfecto

09/04/2026
Franz Thomas Balmer
Pasajes empinados, una cresta estrecha y un silencio infinito: el Cuerno de Gfroren se esconde donde casi nadie mira. Una excursión de esquí para todos aquellos que buscan la soledad. Y encuentran la aventura en lo discreto.

"La cresta: el ancho de una bota de esquí entre el cielo y la nada".

Las laderas brillan de blanco, pero nuestro destino está más arriba. Más remoto. Más frío. Más real. Con cada paso sobre las pieles, nuestra respiración se vuelve más rítmica, nuestros pensamientos más silenciosos. El transceptor de avalanchas sustituye al tamiz, los esquís de travesía a la tabla de buscar oro. Subimos por el invernal valle de Sertig, cerca de Davos, como modernos buscadores de oro. En busca de nieve polvo y de un momento que lo valga todo.

El viento ha trazado nuevas líneas durante la noche: olas suaves, pistas heladas, silencio absoluto. Sólo el crujido de la chaqueta y el chasquido de las fijaciones lo rompen. "El Gfroren Horn hace honor a su nombre", dice mi compañero de ruta Martin, respirando calor en los dedos. No es de extrañar: el sol sigue vacilante.

Con cada metro de ascenso, el valle retrocede y la vista se amplía. El ascenso sigue el curso del valle antes de desembocar en la cara norte de la montaña. El terreno se vuelve más escarpado y rocoso. La cresta final es estrecha, un buen ancho de bota de esquí entre el cielo y la nada. ¿Un paso en falso? No es una buena idea. Ahora cada paso cuenta. Y entonces: la felicidad de la cumbre a 2.747 metros. "¡Wow!" No hacen falta más palabras. El resto lo cuenta el paisaje montañoso de la cumbre alrededor de Martin. Su aliento flota en el aire, el silencio resuena.

Tres líneas conducen hacia abajo, tres maneras de encontrar su propio oro. El suave descenso por la vía de ascenso es relativamente seguro, con una pendiente de unos 30 grados. La cara norte, en cambio, es cruda, empinada, de 45 grados y en su mayor parte sin vías: un descenso para expertos. O la cara sur: dorada al sol y desafiante, porque sólo los que se mantienen a la izquierda escapan de las rocas. Pero la verdadera fiebre del oro está en otra parte. En el momento previo al despegue. En el silencio que queda cuando ya se ha dicho todo.

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Nota

Este artículo ha sido traducido automáticamente con DeepL y posteriormente editado. Si, a pesar de ello, detectáis errores ortográficos o gramaticales, o si la traducción ha perdido sentido, no dudéis en enviar un correo electrónico a la redacción.

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