Catherine tiene un lobo de peluche en el sal贸n. Alfred tuvo que dispararle porque se escabull铆a por la casa con demasiada frecuencia y probablemente se hab铆a dado cuenta de que los conejos son mejores ganchos que los cubos de basura. A Catherine le gustar铆a tener un perro, preferiblemente un cachorro. Alfred no quiere un perro porque tarde o temprano se lo comer铆an los lobos. El compromiso es un conejo seguro de s铆 mismo al que no dejan salir y que se lleva muy bien con el lobo de peluche.
Catherine viajaba a menudo a Italia con sus padres cuando era ni帽a. Navegaban por el Adri谩tico y cuando Catherine preguntaba qu茅 era eso de all铆, esa costa en el este, tan oscura y sin las luces amistosas de Italia, le dec铆an "Eso es Albania. Nadie tiene permitido ir all铆".
En 2011, los rom谩nticos mochileros de Lonely Planet declararon Albania destino del a帽o por sus playas de ensue帽o, su excitante capital y el todav铆a presente atisbo de aventura. Los turistas llevan mucho tiempo tomando el sol en la Riviera albanesa, navegando en kayak por r铆os azul turquesa y haciendo senderismo por una naturaleza virgen. Los extranjeros acuden casi exclusivamente en verano, sobre todo al sur del pa铆s, tradicionalmente cosmopolita y de influencia mediterr谩nea.
Catherine y Alfred, en cambio, viven en el norte, en el valle de Valbona, en los Alpes albaneses. Aqu铆 las monta帽as son escarpadas, el clima duro en invierno y el suministro el茅ctrico poco fiable. Gent Mati, que organiza viajes al aire libre por todo el pa铆s desde Tirana, nos hab铆a recomendado la zona como destino de excursiones de esqu铆 y se asegur贸 de que no nos perdi茅ramos de camino a Valbona. Nos alojamos a poco menos de 1.000 metros de altitud en el alojamiento m谩s alto del valle, el Fusha e Gjes, una especie de chalet de madera que acoge a excursionistas en verano y normalmente a nadie en invierno. Un poco m谩s arriba del valle hay un pueblecito desierto de casas de piedra gris, valle abajo hay uno habitado. Hay un bar, una escuela, ninguna tienda y varias ruinas comunistas de hormig贸n. La carretera es arrastrada por el r铆o cada pocos a帽os y es casi imposible transitarla en invierno sin un veh铆culo todoterreno y cadenas para la nieve. Catherine vino aqu铆 por primera vez hace tres a帽os.
Ten铆an una librer铆a en Brooklyn junto a una tienda de vinos, a menudo les regalaban botellas abiertas despu茅s de la hora de cierre y Catherine pasaba las noches consolando a vendedores de libros enamorados. Tras los atentados del 11 de septiembre, la tienda se convirti贸 durante un tiempo en punto de recogida de suministros de socorro y Catherine serv铆a caf茅 a bomberos y voluntarios. Los muchos a帽os sin vacaciones, las preocupaciones econ贸micas, el ajetreo de la ciudad... en alg煤n momento todo fue demasiado y se tom贸 un tiempo de descanso. Con los kil贸metros que hab铆a acumulado, vol贸 a la misteriosa tierra sin luces, a la que ahora pod铆a ir todo el que quisiera. En las monta帽as, encontr贸 a Alfred, cuya familia llevaba muchas generaciones arraigada en el valle de Valbona y que fue uno de los primeros en llevar turistas de excursi贸n y abrir una peque帽a pensi贸n. Ten铆a una risa joven y hermosa y unos ojos negros como el carb贸n, y Catherine se qued贸. Regal贸 la librer铆a y lleva dos a帽os viviendo con 茅l en Valbona, a veces con electricidad, a veces sin ella, pero desde hace poco con una red de telefon铆a m贸vil. Las monta帽as encierran el valle en lugar de enmarcarlo.
Hemos llegado a la oscuridad y los d铆as se hunden tras una cortina de r谩fagas de nieve. Fragmentos del paisaje aparecen entre interminables nubes ondulantes. Donde cre铆amos que hab铆a cielo, hay monta帽a. Cuanto menos se ve, m谩s largas parecen las subidas por el denso bosque. Estamos muy lejos de lo que las gu铆as de esqu铆 de los Alpes describen como terreno ideal para esquiar. Hay que subir unos 800 metros de altitud antes de llegar a la l铆nea de 谩rboles y las pistas abiertas. A primera vista, los salientes rocosos parecen bloquear la subida. Con una lentitud frustrante, ascendemos por las curvas cerradas y llanas de una carretera forestal. Los pesados y h煤medos copos se acumulan en mochilas y capuchas y se abren paso a trav茅s de las membranas de Gore-Tex.
La carretera termina y seguimos subiendo a trav茅s de un denso bosque caducifolio. Muchos 谩rboles llevan fechas, 1985, 1986, y las iniciales de soldados aburridos que vigilaban las fronteras de Albania en duras y hambrientas marchas para un dictador cada vez m谩s paranoico. La gente de aqu铆 dice que Hoxha podr铆a haber construido una carretera en cualquier valle remoto con el hormig贸n de sus b煤nkeres. Gante cuenta con mapas antiguos de los servicios secretos asombrosamente precisos; all铆 donde no conoc铆an el camino, lo trazaban h谩bilmente para encajar en el panorama general. Bajamos un poco por el valle, saltamos muchas vallas y ascendemos a un valle lateral. A poco menos de una hora a pie por encima de Valbona se encuentra Kukaj, una peque帽a granja con unos cuantos caballos descontentos parados en la nieve frente a ella. Gante nos hab铆a dicho que salud谩ramos a la familia y c贸mo hacerlo en alban茅s. Por supuesto, nadie se dio cuenta y recurrimos a sonre铆r con impotencia a los ni帽os de mirada esc茅ptica que hab铆a delante de la casa. Kellie, la americana del grupo a la que le gusta socializar, rompe el hielo con valent铆a: "驴Vale?", los ni帽os asienten: "隆S铆, s铆, vale!".
Mam谩 y pap谩 aparecen y hablan con nosotros, tardamos un rato en entender que nos invitan a caf茅 turco y pan reci茅n horneado. Una vieja estufa de le帽a humea en el sal贸n bajo. La conversaci贸n se anima poco a poco. El padre Dahir, de 44 a帽os, bigote negro, pelo gris moteado, explica con conocimiento de causa: "Montanista". Confirmamos: "隆S铆, Montanista Ski!". 驴Hemos estado ya en la monta帽a m谩s alta de la zona y del pa铆s? "驴Jezerca?" 驴No? Entonces el Montanista no puede estar tan lejos. Kellie usa su iPhone para comunicarse y nos ense帽a fotos de su casa en Alaska. Mientras nos ponemos en marcha, Fadlum, de 13 a帽os, y Florian, de 10, nos ense帽an sus esqu铆s: listones de madera fabricados con cari帽o y con una fijaci贸n hecha de cinta adhesiva, perfecta para calzarse con botas de agua. Motivados, marchan delante de nosotros valle arriba, siempre preocupados por nuestro bienestar: "驴Bien? 驴Cansados? 驴Bien?" "隆No estoy cansado! Bien!"
En alg煤n momento, los esqu铆s de madera llegan a su l铆mite y dejamos atr谩s a los ni帽os. Llegamos a Montenegro, una cresta ventosa e inc贸moda forma la frontera. Kellie quiere una foto suya se帽alando las nubes montenegrinas. En Alaska no hay excursiones de esqu铆 en las que se puedan cruzar fronteras nacionales. En el camino de vuelta, nos encontramos con Dahir en el oscuro bosque cubierto de nieve. Est谩 cazando liebres con una vieja escopeta de fabricaci贸n rusa y sus dos perros y, aparte de su tono de llamada de Lady Gaga, parece salido de un drama de la televisi贸n p煤blica sobre cazadores furtivos en el siglo XIX. Dejamos a los ni帽os chocolate y cera para sus esqu铆s y pensamos en equipos desechados que acumulan polvo en nuestros s贸tanos y que aqu铆 ser铆an muy divertidos.
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Deportes de invierno en Kosovo
Como es habitual en este tipo de viajes, el d铆a que partimos es el primero realmente soleado. Metemos el equipaje de esqu铆 en un viejo Land Rover Defender y nos dirigimos a la estaci贸n de esqu铆 m谩s cercana: Brezovica, en Kosovo. Gracias a la nueva autopista, se tarda cuatro horas en llegar desde Tirana. Albania, un pa铆s sin estaciones de esqu铆, est谩 subcontratando su cultura del esqu铆 a los pa铆ses vecinos.Brezovica se encuentra a unos 20 kil贸metros al este de Prizren en l铆nea recta, en un enclave serbio cerca de la frontera con Macedonia.
Los remontes y las pistas est谩n situados sobre el pueblo de Strpce, en la parte oriental de las monta帽as de Sar, una larga cadena monta帽osa que desde un avi贸n parece una ballena varada en un mar de niebla. Si no hubiera habido nieve suficiente para los Juegos Ol铆mpicos de 1984 en Sarajevo, la estaci贸n se habr铆a trasladado a Brezovica. La estaci贸n de esqu铆 est谩 completamente abarrotada los fines de semana. Los uno o dos telesillas en funcionamiento gimen bajo la avalancha. Hay otros remontes igualmente viejos y desvencijados, pero no funcionan. Nadie sabe a ciencia cierta si est谩n averiados o si simplemente no tienen ganas de encenderlos y dotarlos de personal. A la entrada del ascensor hay un ajetreo colorido y ca贸tico. Numerosos vendedores han instalado su oferta de galletas, coca-cola, cerveza y chocolate en cajas de fruta, y tambi茅n se pueden alquilar diversos equipos para deslizarse por la nieve: desde esqu铆s hasta trineos caseros y peque帽os trineos de pl谩stico. Los principiantes se las ven y se las desean para deslizarse cuesta abajo en largas colas detr谩s de los monitores de esqu铆 o prueban suerte por su cuenta con poco 茅xito. Un n煤mero asombroso de esquiadores asombrosamente buenos bordean los grupos de principiantes. Los ni帽os intentan colarse entre el personal del remonte y les quitan unas monedas antes de permitirles subir. El esqu铆 es un deporte popular.
Desde el punto m谩s alto de la zona de esqu铆, caminamos por la cresta de la Ballena, Macedonia a la izquierda, Kosovo a la derecha. A un lado, las laderas abiertas de abeto y, al otro, el terreno escarpado y rocoso. Disfrutamos del sol, es incre铆ble lo que una buena visibilidad puede hacer por tu capacidad para esquiar. Despu茅s de la guerra, los esquiadores no tardaron en regresar. Hoy, Brezovica sirve de modelo para el resto del pa铆s. La comunidad que rodea Strpce es tradicionalmente serbia, los albaneses siempre han venido aqu铆, la gente se lleva bien y se entiende. El bar alban茅s env铆a clientes hambrientos a la pizzer铆a serbia de al lado, nunca ha habido problemas y todos est谩n orgullosos de ello.
Lo 煤nico que a煤n no ha funcionado es la privatizaci贸n. Ascensores serbios en suelo kosovar, eso es complicado, la burocracia est谩 empantanada. Se necesitan inversores urgentemente para renovar las deterioradas instalaciones, quiz谩 incluso para ampliarlas. All铆 donde las viejas asociaciones de esqu铆 y sus funcionarios fracasan, los freeriders y los new schoolers luchan por su dominio esquiable. Han fundado una asociaci贸n, Scardus, como se llamaban sus monta帽as en la antig眉edad, y hacen campa帽a por la reconciliaci贸n, la protecci贸n del medio ambiente y la escena joven de los deportes extremos. Luli no es ni joven ni especialmente extremo. Sin embargo, es un gran nombre en Scardus y en Brezociva. Empuja una considerable barriga hacia delante, su piel es gris por una larga vida de fumador, su barba blanca amarillenta. Nos reunimos con 茅l en Braca, un acogedor pub serbio. Scardus invita a los extranjeros a comer y Luli sirve aguardiente, el ambiente est谩 animado por la nieve y el sol. Se proyectan fotos y v铆deos y todo el mundo habla el mismo idioma, al menos en lo que se refiere al deporte.
Despu茅s de unos d铆as tenemos que volver a Pristina, el avi贸n sale ma帽ana para casa. Luli se acerca cuando estamos cargando el Landrover y nos desea un buen viaje. Prometemos comer en su restaurante de la ciudad por la noche y 茅l se sube satisfecho a su skidoo y acelera con un rugiente motor de dos tiempos.
Prishtina, la capital de Kosovo, con m谩s de medio mill贸n de habitantes, la mitad de los cuales tiene menos de 25 a帽os y el 40% vive por debajo del umbral de la pobreza, es una ciudad hermosa y fea. Un par de chicos de Scardus han venido a ense帽arnos la zona peatonal, que en verano bulle de caf茅s callejeros, con bares y discotecas chic que surgen del hormig贸n en cada esquina y en cualquier otro patio trasero. El restaurante de Luli, Tiffanys, no es el tipo de bar de mala muerte que cabr铆a esperar, sino una de las mejores direcciones de Pristina, con cocina tradicional de alto calibre. Pol铆ticos y diplom谩ticos vienen a socializar, la comunidad de expatriados presente se sorprende ante nuestro variopinto grupo y pregunta qu茅 hacemos aqu铆. Est谩n encantados con la respuesta: turistas sin agenda pol铆tica que quieren conocer este pa铆s y sus maravillosas gentes, eso es lo que necesita Kosovo. 隆Deber铆amos hacer publicidad! Despu茅s de Tiffany's, empieza la noche en Pristina. Nuestros amigos de Scardus son muy conocidos en los clubes locales y, como llevan ropa de snowboard embarrada, no importa que no encajemos con la imagen de chaqueta de cuero y tacones de aguja. Cada hora despu茅s de medianoche, los locales se oscurecen, la m煤sica suena m谩s fuerte y con m谩s graves. El futuro de Kosovo baila a nuestro alrededor en destellos de luz estrobosc贸pica. S铆, claro que haremos publicidad.
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Enlaces de inter茅s
Gent Mati, Albania al aire libre
Hotel de Catherine y Alfred en el Valle de Valbona e informaci贸n sobre la regi贸n
Estaci贸n de esqu铆 de Brezovica