Las cintas de seguridad forman parte del equipamiento básico de cualquier alpinista. Ya sea para montar un punto de anclaje, para descender en rápel o para un rescate en grietas, son un recurso todoterreno y tan pequeñas y ligeras que rara vez se lleva una cantidad insuficiente.
Llevo tantos años escalando en la montaña con las cintas de Mammut que casi es un milagro que sigan en el mercado sin haber cambiado. A lo largo de los años, me han acompañado por todo tipo de paisajes, ya sea en hielo, roca o nieve, y nunca podría haber deseado un compañero mejor.
Pero antes de profundizar en su uso, veamos brevemente de qué material están hechas
Las eslingas están fabricadas con Dyneema, una fibra sintética de polietileno que presenta una excelente relación resistencia-peso. Ideal para tiendas de campaña o velas. Pero también para nosotros, los aficionados a los deportes de invierno, ya que el material Dyneema prácticamente no absorbe agua. Su alta resistencia al corte da tranquilidad en caso de que se acerquen los cantos de los esquís o rocas afiladas. La carga de rotura de una Mammut Contact Sling 8.0 es de 22 kN, lo que se encuentra dentro del rango normal para las cintas de aseguramiento. En el uso alpino, por supuesto, los nudos y el envejecimiento pueden reducir la carga de rotura. En la práctica, hay que tener en cuenta que el Dyneema casi no tiene elasticidad. Hay que tener cuidado cuando la eslinga pueda sufrir caídas, como al maniobrar por encima del punto de anclaje.