Desde las primeras síntesis exitosas de sustancias químicas fluoradas (PFAS) a finales del siglo XIX y el posterior auge en muchas áreas de aplicación en los años 80 y 90, estas sustancias químicas se han ido acumulando en el medio ambiente por todo el mundo. Debido a su extrema persistencia, solo se descomponen muy lentamente y, en la actualidad, casi todo el mundo tiene estas sustancias no naturales en la sangre. Los PFAS llegan incluso a las regiones más remotas del mundo a través del sistema circulatorio de la Tierra. La atención pública sobre el grupo de sustancias PFAS y, en particular, sobre el PFOA (ácido perfluorooctanoico) surgió en la década de 1990 como resultado de las revelaciones sobre la contaminación ambiental y los riesgos para la salud de los empleados de la empresa DuPont, que utilizaba PFOA para fabricar Teflón. A pesar de los primeros indicios de toxicidad, el PFOA siguió utilizándose durante décadas hasta que, en las décadas de 2000 y 2010, numerosos procesos judiciales y estudios de salud a gran escala demostraron tanto los efectos nocivos como la responsabilidad de la empresa en numerosas enfermedades y muertes. Estos hechos también se documentaron en producciones cinematográficas.
Estos escándalos de PFAS no son un problema alejado de EE.UU.: las consecuencias de la producción de PFAS también se dejan sentir en Alemania y muchos otros países europeos. En el distrito de Altötting, en Baviera, ya no se permite utilizar las donaciones de sangre de los residentes locales para el almacenamiento de sangre, debido al alto nivel de contaminación por PFOA en la población. Esto se debe al vertido durante décadas de aguas residuales contaminadas procedentes del Parque Químico de Gendorf. Titulares como:
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"PFAS en el agua potable y embotellada de todo el mundo: se confirma la contaminación global"
"Un ministro de la UE da positivo en PFAS - a pesar de no haber sustancias químicas"
"Del Danubio al Ártico: Europa lucha por poner coto a las sustancias químicas perpetuas"
A pesar de las cada vez más numerosas pruebas científicas y de la creciente preocupación pública, todavía no existe una prohibición global y completa de todos los PFAS, en parte porque las fuertes presiones de las asociaciones químicas e industriales han retrasado o debilitado repetidamente la adopción de normativas más estrictas. Sin embargo, este artículo se centra en un ámbito de aplicación concreto: el uso de PFAS en las ceras de esquí, su función y las consecuencias sanitarias y medioambientales asociadas.