Existe un tipo particular de tensión que sólo se percibe cuando se pasa de una feria comercial a una cumbre sobre el clima. Por un lado, el ritmo por defecto de la industria: próxima temporada, próximo modelo, próxima ventana de lanzamiento. Por otro, una crisis que no negocia con calendarios de marketing, y una realidad en la que los inviernos se definen cada vez más por la volatilidad, no por la fiabilidad. Por eso, la tercera edición de la Cumbre sobre el Clima en la Industria del Esquí se sintió menos como "otra conferencia" y más como un intento deliberado de frenar y hablar honestamente.
La cumbre se celebró en Bolzano junto con ProWinter Bozen, organizada por Atomic en colaboración con Protect Our Winters Europe. Christian Scheidermeier, del European Outdoor Group, captó el dilema central de la cumbre en una frase que no dejó de resonar a lo largo de los dos días: las turbulencias políticas son reales, pero hacer una pausa no es una opción. "La forma en que actuemos ahora determinará qué tipo de futuro crearemos", dijo, haciendo hincapié en que el progreso sólo es posible "mediante la colaboración conjunta". Ese espíritu de colaboración no es sólo una bonita idea; es la razón práctica de ser de la cumbre. En palabras de Jerome Pero, de la Federación Europea de la Industria de Artículos Deportivos, aquí es "donde la industria del esquí define su futuro", precisamente porque ningún actor puede asumir por sí solo el reto de la sostenibilidad.
La edición de este año también ha puesto de manifiesto otra cosa: la cumbre está evolucionando de un formato de "marcas que hablan con marcas" a una conversación más amplia sobre el ecosistema, en la que participan estaciones, federaciones, proveedores, ONG y expertos técnicos como piezas esenciales de un mismo rompecabezas. El orden del día refleja claramente este cambio: el primer día se centró en la influencia, la promoción y la regulación, mientras que el segundo profundizó en la circularidad, las normas y la realidad técnica de los productos duraderos.