A pesar de las temperaturas muy por debajo del punto de congelación, la elevada radiación ultravioleta y la falta casi total de nutrientes, aquí existe un hábitat altamente especializado. Algas de nieve, microorganismos unicelulares, bacterias, líquenes e incluso animales diminutos como los tardígrados han desarrollado estrategias para sobrevivir en condiciones que serían fatales para casi todos los demás organismos.
Por tanto, el "hielo eterno" no es un lugar sin vida, sino una prueba fascinante de la capacidad de adaptación de la vida. Al mismo tiempo, es un hábitat frágil sometido a una presión cada vez mayor debido al progresivo retroceso de los glaciares en los Alpes. Por este motivo, el siguiente artículo pretende llamar la atención sobre estas criaturas tan especiales para que se entienda por qué merece tanto la pena proteger su hábitat, los glaciares.
Tardígrados alpinos
Pueden sobrevivir al frío extremo, a periodos secos e incluso al espacio exterior: los tardígrados, también conocidos como tardígrados, parecen casi diminutos animales esponjosos con su físico rechoncho, pero se cuentan entre los organismos más resistentes de la Tierra.
Con un tamaño de sólo 0,2 a 0,5 mm aproximadamente, viven en casi todas partes: en los musgos de los bosques, en nuestros desagües pluviales, en el agua dulce y salada, e incluso en los glaciares alpinos. Son verdaderos artistas de la supervivencia. La primera prueba de la existencia de esta cepa animal primigenia en Austria procede de Ehrenberg (1853), que investigó los microorganismos de alta montaña. Desde entonces, se han descrito unas 120 especies de tardígrados. En los Alpes, tardígrados especialmente adaptados colonizan las altas montañas y viven allí en pequeños agujeros de deshielo en la superficie del hielo.