Zona sin caídas
Estoy de pie con la nieve hasta la cintura, con la respiración agitada, subiendo paso a paso por la nieve polvo cargada de viento. Ya he cavado mi tercer perfil de nieve. Mi amigo León va detrás de mí. Nos turnamos para abrir camino, porque es entonces cuando vuelves a entrar en calor. A ambos lados de nosotros, escarpadas paredes de roca se elevan hacia el cielo, decoradas con hielo turquesa, brillando como si estuviera iluminado desde dentro. Es un lugar impresionante: salvaje, áspero, frío. El Gamskogel North Couloir es probablemente una de las líneas más bellas de Estiria. Sinceramente, es casi irreal que existan joyas como ésta tan al este de los Alpes. Siempre me han obsesionado este tipo de corredores.
Aquí arriba me siento extrañamente vivo: pequeño, expuesto, profundamente conectado a la belleza de la naturaleza, y desafiado por ella al mismo tiempo. El perfil de la nieve lo muestra de nuevo: una capa débil, similar a las que encontramos antes. No es necesariamente inestable, pero como el couloir está cargado de viento, esa capa débil se encuentra a una profundidad diferente cada vez, cambiando con el terreno. Así que ... no es una clara bandera roja. Pero incompleta. Ahora estamos cerca de la cima. Nos miramos, inseguros. Técnicamente es sólo peligro de avalancha nivel 1.
Apenas hay nieve en Estiria de todos modos. Pasamos horas abriéndonos paso entre arbustos y bosques casi verdes, hasta que finalmente encontramos nieve cargada de viento en la base del couloir, buscando desesperadamente un puñado de curvas en inviernos que se derriten, en un mundo que sigue calentándose. Dar la vuelta se antoja difícil. Pero el riesgo es demasiado alto. Las consecuencias son demasiado grandes. Bajamos esquiando, disfrutamos de las curvas y nos sentimos en paz con la decisión. Hemos sobrevivido. Hemos pasado un hermoso día al aire libre. ¿No es eso lo que cuenta?
Entonces, ¿por qué tratamos nuestra supervivencia colectiva de forma tan diferente? ¿Por qué no tomamos el camino seguro como sociedad? Como sociedad impulsada por los combustibles fósiles, hemos llegado a una situación en la que nos encontramos en el nivel 5 de peligro de avalancha, en la zona de no caída de una pendiente de 50 grados. Las primeras grietas se abren paso a través de la nieve. El lodo cae por las paredes a nuestra derecha. Suena un ruido ensordecedor. Los carámbanos caen a nuestra izquierda. Pequeñas placas se desprenden arrastrando a parte de nuestro grupo, y hacemos como si no viéramos ni oyéramos nada. Seguimos adelante.